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5.3- Michel Foucault y el ojo del poder- entrevista

Entrevista*

Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: "Un acontecimiento en la historia del espíritu humano", "Una especie de huevo de Colón en el campo de la política". Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado como el "Fourier de una sociedad policial".(1) Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico...

Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo tema, pero ahora refiriéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos ni proyectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el "invento" de Bentham, es decir, el "panóptico".

El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función protectora.
Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del alumno pasaba a través de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permitía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano el que visitando la Escuela militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente. Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un elemento suplementario: que exista un punto central que sea el lugar del ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro del saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y la bautice. El mismo nombre de "panóptico" parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera invención que él mismo denomina "huevo de Colón". Y, en efecto, lo que buscaban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia. Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su procedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las sociedades modernas son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.

Michelle Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización política? Porque en último término todo es espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.

Foucault: Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos.

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una "historia de los espacios" -que sería al mismo tiempo una "historia de los poderes"- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del habitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la "naturaleza" -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la "geografía física"- es decir a una especie de capa "prehistórica", o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

M. P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como señaló Ud. a propósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.

Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.

M. P.: Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.(2)

Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de "constitución", estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las "campañas" (y por lo tanto el de los "pasos") y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

M. P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham se encuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de obra, fuente de actividad económica, consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder: la población como blanco de las relaciones de dominación. Se puede decir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso en una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa, dejaban aparecer huecos bastante amplios: sistema lacunar, aleatorio, global, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse claramente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de "resolución" como se diría en términos de fotografía, no era capaz de practicar un análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejerciese sobre uno solo.

M. P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al desarrollo de un poder semejante.

J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a través de personas como La Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho "Ciudadano francés" en 1791.

Foucault: Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesantes respecto a este tema en La Transparencia y el obstáculo y en La invención de la libertad.

Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rousseauniano -que es en alguna medida el lirismo de la Revolución- se articula la idea técnica del ejercicio de un poder "omnicontemplativo" que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de Bentham.

M. P.: Hay una frase en el Panóptico: "Cada camarada se convierte en un vigilante".

Foucault: Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada.

J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias.

Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen castigadas; sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sentirían sumergidas, inmersas, en un campo de visi-bilidad total en el cual la opinión de los otros, la mi-rada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución.

M. P.: El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del panóptico por la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788. Hospitales y cárceles son dos grandes temas de discusión en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escandaloso el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados "de humanidad", vocablo que comprende hospitales y prisiones.

Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, las gentes, las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticiones religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, las casas de corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una desconfianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la "contra-figura" de las transparencias y de las visibilidades que se intentan establecer entonces. Este reino de "la opinión" que se invoca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo recorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un "poder por transparencia", de un sometimiento por "proyección de claridad". El panóptico es un poco la utilización de la forma "castillo: (torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de legibilidad detallada.

J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las Luces quiere hacer desaparecer.

Foucault: Indudablemente.

M. P.: Sorprenden también las técnicas de poder que funcionan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente, y también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: "Ës preciso -dice- estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensamiento de quererlo". Nos encontramos de lleno con las preocupaciones de la Revolución: impedir a las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.

Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia que detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea espectacular para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las rebeliones.

M. P.: Esto es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo.

Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha conseguido, cree que es el huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarrolladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquiera la principal instrumentación puesta en práctica.

M. P.: Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder en función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? ¿O bien es que el conjunto social, el poder a nivel de todo social es algo que entonces no se concebía realmente? ¿Por qué?

Foucault: El problema consiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías a las decisiones de poder. La burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en esto precisamente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han hecho de Bentham uno de los inventores más ejemplares de la tecnología de poder.

J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados ni los que observan.

Foucault: Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

M. P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos. ¡Pensamiento, pues, aristocrático!

Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fábricas.

Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar "suboficiales" que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.

M. P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas.
El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en "cada camarada se convierte en un vigilante", hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder.

Foucault: Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su propia existencia, querida por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del poder.El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del soberano absolutamente perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede confiar en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él solo la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos lo demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de insidias.

J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto?

Foucault: La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder. En el caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ¿cómo se habría llegado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva distribución del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no basta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de reclutamiento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva distribución de poder que se llama disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y domes-ticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible.

J.-P. B.: De todos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo?

Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el ejército, el taller o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta "cúspide" no es la "fuente" o el "principio" de donde se derivaría todo el poder como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de condicionamiento recíprocos; se "sostienen" (el poder como "chantaje" mutuo e indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tecnología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que habrían decidido aplicarla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventadas, organizadas, a partir de condiciones locales y de urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homoge-neización sino más bien en un juego complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de poder unos sobre otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeneiza estas distintas instancias sino que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias.

M. P.: Ud. rechaza la idea de un poder que sería una super-estructura, pero no la idea de un poder que es, en cierto modo, consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas, que forma parte de él.

Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma continuamente con estas fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentham el tema de un poder espacializante, vigilante, inmovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado por mecanismos mucho más sutiles que permitían la regulación de los fenómenos de población, el control de sus oscilaciones, la compensación de sus irregularidades. Bentham es "arcaizante" por la importancia que da a la mirada, es muy actual por la importancia que concede a las técnicas de poder en general.

M. P.: No existe un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que se instauran.
J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóptico, poner en cuestión la sociedad industrial? ¿ O conviene hacer responsable a la sociedad capitalista?

Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sabría responder si no es diciendo que estas formas de poder se encuentran también en las sociedades socialistas: la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la historiadora.

M. P.: Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial y por la puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero no es menos cierto que un proceso semejante aparece de nuevo en la sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto modo, corresponde también a un período de acumulación de capital y de instauración de un poder fuerte.

J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al menos para algunos.

Foucault: ¡Evidentemente! Habría que tener el optimismo un poco ingenuo de los "dandys" del siglo XIX para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, conviene tener en cuenta sus golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los dispositivos de poder, y esto de forma dinámica y circular. El poder feudal, funcionando por deducciones y gasto, se minaba a sí mismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y de la Revolución formen parte de su historia prácticamente desde sus comienzos.

M. P.: Se puede señalar que Bentham concede una enorme importancia al trabajo, al que se refiere una y otra vez.

Foucault: Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado para responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un sentido amplio (puede tratarse de "producir" una destrucción, como en el caso del ejército).

J.-P. B.: Cuando, dicho sea de paso, empleas el término "trabajo" en tus libros, raramente lo haces en relación al trabajo productivo.

Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado de gentes que estaban situadas fuera de los circuitos del trabajo productivo: los locos, los enfermos, los prisioneros, y actualmente los niños. El trabajo para ellos, tal como deben realizarlo, tiene un valor predominante disciplinario.

J.-P.B.: El trabajo como forma de domesticación. ¿No se da siempre?

Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: función productiva, función simbólica y función de domesticación o disciplinaria. La función productiva es sensiblemente igual a cero para las categorías de las que me ocupo, mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy importantes. Pero, lo más frecuente, es que coexisten los tres componentes.

M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy bien el grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de integrar en la sociedad -los famosos prisioneros-. Además, ¿no es el panóptico de Bentham, en cierto modo, la ilusión del poder?

Foucault: Es la ilusión de casi todos los reformadores del siglo XVIII que han concedido a la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por ser la conciencia inmediata de cuerpo social entero, los reformadores creyeron que las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las condiciones reales de la opinión, los "media", una materialidad que está aprisionada en los mecanismos de la economía y del poder bajo la forma de la prensa, de la edición, y más tarde del cine y de la televisión.

M. P.: Cuando dices que han desconocido los "media", quieres decir que no se han dado cuenta de que les haría falta utilizarlos.

Foucault: Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses económicos-políticos. No percibieron los componentes materiales y económicos de la opinión. Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por sí misma, y que sería una especie de vigilancia democrática. En el fondo, es el periodismo -innovación capital del siglo XIX- el que ha puesto de manifiesto el carácter utópico de toda esta política de la mirada.

M. P.: En general los pensadores desconocen las dificultades que van a encontrar para hacer "prender" su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido gente pasiva; es Bentham quien nos hace pensar lo contrario. El discurso penitenciario se despliega como si no existiese nadie frente a él, como si no existiese más que una "Tábula rasa", gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito de la producción. En realidad hay un material -los detenidos- que resiste de un modo formidable. Lo mismo se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una extraordinaria invención de un ingeniero que quiere luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede uno preguntar:¿ha funcionado realmente alguna vez el taylorismo?

Foucault: En efecto, otro de los elementos que sitúa también a Bentham en lo irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo se ha opuesto la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de pesquisas continuas? ¿ Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento insoportable de esta vigilancia? ¿O lo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han existido insurrecciones contra la mirada?

M. P.: Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La repugnancia de los trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades obreras, durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscitado durante largo tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían inventado para "tomar aire" cada semana. Han existido múltiples formas de resistencia al sistema industrial obligando a los patrones a dar marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este tipo de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un primer tiempo, en los sectores mecanizados que contaban mayoritariamente con mujeres o niños, es decir, con personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los sectores digamos viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La patronal no llega a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a través de su jefe que es generalmente el obrero más anciano o más cualificado. Se ejerce un verdadero contra-poder por parte de los obreros profesionales, contra-poder que comporta algunas veces dos facetas:una contra la patronal en defensa de la comunidad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el jefecillo oprime a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, estas formas de contra-poder obrero existieron hasta el momento en que la patronal supo mecanizar las funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. Existen numerosos ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El golpe de ojo del laminador -de nuevo aquí la mirada- que juzgaba si la materia estaba a punto será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un termómetro.

Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las resistencias al panóptico en términos de táctica y de estrategia, pensando que cada ofensiva que se produce en un lado sirve de apoyo a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de poder no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las posiciones y los modos de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de unos y otros.

J.-P. B.: Batallas, acciones, reacciones, ofensivas y contraofensivas, hablas como un estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente físicas? ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en ellas?

Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica y de método importante. Me sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determinados discursos políticos el vocabulario de las relaciones de fuerza; el término "lucha" es uno de los que aparecen con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar consecuencias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a este vocabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas "luchas" en tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de la política es una relación de guerra? Personalmente no me siento de momento preparado para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple afirmación de una "lucha" no puede servir de explicación primera y última en los análisis de las relaciones de poder. Este tema de la lucha no es operativo más que si se establece concretamente, y respecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar, con qué instrumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener presente que la brava y vieja "lógica" de la contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los procesos reales.

M. P.: Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Bentham no proyecta sólo una sociedad utópica, describe también una sociedad existente.

Foucault: Describe en la utopía un sistema general de mecanismos concretos que existen realmente.

M. P.: Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre central?
Foucault: Sí, con la condición de que éste no sea el sentido final de la operación. Los prisioneros haciendo funcionar el panóptico y asentándose en la torre, ¿cree Ud. que entonces sería mucho mejor que con los vigilantes?


NOTAS

(1) Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y castigar. Siglo XXI, México, 1976.
(2) John Howard publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the Prisions in England and Wales, with Preliminary Observations and an Account of some Foreign Prisions and Hospitals (1777).


* "El ojo del poder", Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías: "El Panóptico",
Ed. La Piqueta, Barcelona, 1980. Traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez-Uría.

5.3- El poder- Maria V Parrilla

María Victoria Parrilla

EL PODER NO SE POSEE. EL PODER FUNCIONA. Michel Foucault.

El poder no se posee, el poder funciona. El poder no es una propiedad, no es una cosa, no se toma, no se conquista, sino que es una estrategia. No es unívoco, no siempre es igual que se ejerce siempre de la misma manera, ni tiene una continuidad, sino que es la condensación de redes estratégicas complejas, que hay que seguir al detalle (microfísica). El poder no esta localizado, sino que es un efecto de conjunto que penetra todas las manifestaciones sociales, y que genera las sociedades disciplinarias: sociedades modernas a partir del siglo XVIII.
No esta subordinado a unas estructuras económicas, sino que las relaciones de poder engloban a determinadas estructuras económicas. Pero sobre todo no actúa por represión, en contra de la visión tradicional del poder que lo muestra como una fuerza exterior que se ejerce de una manera negativa, que dice no, que prohíbe que reprime sobre un “sujeto pleno”. Sino que actúa por normalización y no se limita a la exclusión, a la prohibición, sino por el contrario produce positivamente sujetos. El Poder no se expresa ni esta prioritariamente en la ley, esa es la concepción jurídica del poder, si solo estuviera en ley seria un poder sin gran poder de sujetación. Pero sobre todo no es solo represivo en la forma de prohibición si solo actuara ahí poco poder seria.
Hay que subrayar el carácter positivo del poder, que produce discursos, saberes y verdades que penetra todas las practicas sociales y todo ello sin localizarse en un lugar estricto, esto es multiplicidad de redes de poder en constante transformación, que se conectan, interrelacionan entre las diferentes estrategias y por tanto lo que llama foucault microfísica del poder que muestran de forma reticular, en la forma de red, donde hay nudos, cristalizaciones de poder (instituciones de poder) sin caer en creer que son un mundo aparte donde solo hay funciona el poder. El poder es el nombre que se presta en una relación estratégica en una sociedad dada. No esta arriba y se ramifica (concepción teológica-feudal). Las clases sociales, la familia, etc. son puntos de condensación del poder de las redes.
La coherencia del poder no viene dada por “una especie de supersujeto diabólico” que viene dada por el ensamblaje tácticas localizadas y locales que consiguen una momentánea coherencia. Sale de la concepción malevolente y consciente y de clarividencia del poder, ya que el sujeto que se convierte en sujeto que efectúa determinadas practicas del poder, no lleva conscientemente un plan o proyecto determinado sino que utiliza los códigos (medico, psicológico, etc.) y las intenciones subjetivas("llevar la salud a la población, hacer feliz a la gente”, etc.). No hay que pensar en una perversidad, ni ser agentes de... . Si precisamente la cosa funciona, no a pesar de no saber lo que hacen dichos sujetos de poder, sino precisamente porque no lo saben. Si funciona es porque los sujetos están desprovistos de toda clarividencia de todo lo que hacen. El poder es más poderoso cuanto más sutil, imperceptible.
Se trata de un concepto relacional del poder que no puede ser entendida sin resistencia que no esta fuera, en un exterior en los márgenes, sino que decir poder es decir contrapoder y resistencia. La resistencia también se cristaliza en nudos o focos.
Se trata de conocer el cómo, los mecanismos de poder entre dos limites el derecho y los efectos de verdad que produce el poder en los diferentes ámbitos. La pregunta tradicional del seria que limites pone el derecho ante el ejercicio y las extralimitaciones de poder, es una cuestión de legitimación. Se trata de pasar de la soberanía- obediencia (ya sea del monarca o el “pueblo”) a la dominación como punto de partida. Entendiendo el derecho como un instrumento del poder, debemos intentar descubrir como funcionaliza el derecho, las relaciones que son de dominación y no solo de soberanía. Pero no solo encontraríamos el derecho-poder en las grandes leyes, sino que debemos a buscarlo en sus extremidades, en las partes más capilares, allí donde el poder penetra las practicas, son las múltiples sujeciones y sometimientos que construyen a un sujeto positivamente.
Para Foucault la cuestión se plantea que tipo de relaciones de poder produce discursos de verdad, registrando, acumulando saber-poder, en relación al enfermo, el hombre, a la felicidad al niño, etc. . Para que el sistema funcione el poder esta obligado a buscar la verdad, y recompensa a todos esos buscadores del poder (psicólogo, educadores, médicos, etc.) con un salario y un estatus social.

REGLAS DE PRUDENCIA METODOLÓGICA EN LA CONSIDERACIÓN DEL PODER

- No analizar las formas regladas y legitimadas del poder en su centro, sino tratar de agarrarlo en sus extremidades, en sus instituciones más regionales donde adopta no la forma de grandes principios jurídicos, sino de técnicas que parecen neutras o sin importancia.
- No situar en el terreno de las intenciones, de las decisiones, no preguntarse por quien detenta el poder, sino ver como se han ido constituyen do los sujetos, que instancias materiales nos están constituyendo
- No considerar al poder como algo masivo o algo que tienen algunos que utilizan sobre otros, sino que el poder circula, y funciona en las organizaciones reticulares. Sobre todo el individuo no es un átomo inmóvil, inerte sobre el que se aplica el poder. Como si el individuo estuviese pleno, completo y disfrutando, todo lo contrario el individuo es un efecto del poder a través de la constitución del sujeto categorizado y construido a su deseo.
- El análisis del poder debe hacerse de manera de abajo a arriba, rastreando las tácticas locales que luego se generalizan. Como por ejemplo los castigos y refuerzos en la escuela, el DNI, el manicomio, el examen, etc.
- Foucault dice que el poder es más y menos que una ideología, ya que tiene un peso más fuerte porque son acciones que se materializan, pero no tiene un entramado acabado, ni superplanificado, sino que es la conexión de diferentes practicas, es la puesta en circulación de aparatos de saber que se complementen.

EL MODELO DE LA PESTE Y EL MODELO DE LA LEPRA.

Foucault distingue entre dos modelos de poder, el modelo de la peste que funciona por exclusión y el modelo de ejercicio del poder basado en el control es el modelo de la lepra. Son modelos ideales que fueron ideados en siglos pasados que se han convertidos en inspiradores de nuestras sociedades.
El modelo de la peste es el modelo ideal de las sociedades disciplinarias, del dispositivo de poder disciplinario, donde el espacio esta recortado, cerrado, continuamente vigilado y controlado. Los lugares son asignados funcionalmente. En él que los individuos están insertados en lugar fijo donde se controlan los menores movimientos. Donde hay un trabajo ininterrumpido de registro de escritura. Todo se registra y todo se conserva en archivos. El modelo de la peste es el sueño de la razón disciplinaria, la ciudad ideal de la razón disciplinaria sería una ciudad apestada. Aunque no hace falta decir que para aplicar el modelo de la peste no hace falta que la ciudad este apestada. Este modelo es sencillamente el orden, el ordenamiento que prescribe a cada uno su lugar, el lugar de la mujer, del loco, del estudiante, etc. Donde se prescribe cada cual su lugar pero donde se prescribe a cada cual su bien, cual es el que cada uno le corresponde, y cual es el camino para conseguirlo.
Contra la peste como metáfora de mezcla, de la indiferenciación, donde todo se contagia se mezcla, se borran los limites tan minuciosamente diseñados, el poder disciplinario de la ciudad apestada como análisis en su sentido original; etiquetación, separación, identificación, diferenciación. Este modelo de la peste característico de la sociedad disciplinaria se opone en principio al modelo de la lepra. El modelo de la lepra viene del tratamiento estigmatizador y de exclusión y expulsión que se tenia en la edad media con los leprosos. Al leproso se le marcar y se lo expulsa a las afueras para que allí de pudra. Lo que hace este modelo de la lepra es dividir de manera binaria (leprosos y no leprosos). Este modelo divide binariamente al contrario que el de la peste que se apoya en múltiples e individualizantes estrategias, es decir una organización profunda de la vigilancia y de los controles, el poder se ramifica y se ejerce de una manera continuada y que individualiza. Los apestados están en una red meticulosa, individualizada, controlada y vigilada. Al leproso se le rechaza extra muros de la ciudad dejando de ser individuo deja de ser ciudadano y es una masa amorfa.
El modelo de la lepra sueña con una comunidad pura, de fondo casi religioso donde no exista el mal, la pureza de la comunidad.
En la cuidad que funciona el modelo de la peste, toda la cuidad esta atravesada de jerarquía, de vigilancia de registro, es el sueño de una sociedad disciplinada, la utopía de la cuidad perfectamente gobernada donde todo fuera visible, controlable, transparente y que estuviera expuesta a la mirada.
Es estos modelos en la practica no son incompatibles, sino todo lo contrario. Son superponibles y combinables. Lo que a partir del siglo XVI lo que se hará aplicar al espacio de exclusión, al espacio de la lepra, a los márgenes donde se encierra al leproso o al mendigo o al loco, es decir a todo aquel que este estigmatizado. Aplicar a ese espacio de exclusión las técnicas de poder propias del modelo disciplinario. Exclusión si, división binaria si pero estos espacios de exclusión se tintan por la utilización de las técnicas de control, vigilancia, y registro que intentan individualizar a los excluidos, ya sean locos o encarcelados etc. Pero también se da de forma inversa utilizar los procedimientos de individualización, propios de proceso disciplinario, que hace de cada uno un caso, que individualiza para marcar la exclusión para poder excluir. El hospital, el manicomio, la escuela, el correccional, la prisión funcionan con la doble lógica, una que divide en dos grupos normal-anormal, loco –cuerdo, enfermo -sano y la lógica individualizante diferencial que se trata de saber quien es, como vigilarlo, cuál es su bien, como reconocerlo, donde proviene, que plan hay de vida ponerla, como hay que curarlo, etc.

EL PANOPTICO: VERLO TODO. LA SOCIEDAD DISCIPLINARIA

El panóptico es un invento de Bentham que tiene como objetivo intentar crear un medio que sirve para hacerse dueño de todo lo que puede suceder a un cierto numero de hombres, de modo que se consiga disponer todo de ello y se pudiera producir el control de todas sus acciones, conexiones y de todas las circunstancias de la vida, sin que nada pudiera contrariar el efecto que de pretende. No se puede dudar, dice Bentham, que un instrumento de estas características seria un instrumento que los gobiernos podrían aplicar a lo que les interesara. Pues esto es lo que ha inventado Bentham y no es mas que una estructura arquitectónica, con una torre central con vigilantes que lo ven todo, que pude ser tanto una cárcel, una fabrica o una escuela. Pero lo más interesante es el panóptico que resume como idea que se materializa en las sociedades disciplinarias y que es la composición que combina la disciplina y la vigilancia, el control de la visibilidad, donde todo esta expuesto a la mirada. Esta visibilidad del guardián de la torre se queda en nada comparada con la omnivisibilidad que están consiguiendo las ciencias humanas. Frente a la mirada del clínico la mirada del guardián central de la torre, sé que bastante corta, ya termina en lo que sus ojos le ponen delante y nada más. Pero el panóptico responde a un deseo de toda visibilidad, ideal de transparencia donde no se oculta nada, se ve todo y de la manera más económico en todos los puntos de vista. Desde esta óptica podemos entender a las sociedades modernas como sociedades panópticas, en el sentido de que ponen por delante la visibilidad, es decir cada cual es visto, pero no ve. Lo característico del panóptico es que el loco, el niño, el trabajador, el enfermo la mirada del poder se ejerce continuamente sobre él, Se convierten solo en objetos de información, pero nunca sujetos de comunicación. Son objetos que dirigiendo pertinentemente la mirada hacia él, produce información. El panóptico es garantía de orden ya que evita allí donde se extiende la rebelión, ya que se es controlado, por lo que en la cárcel no hay manera de fuga, en la escuela no hay posibilidad de copia o jaleo, no hay contagio en el hospital, ni distracción y relación en el taller manufacturero. Pero su fundamental aportación es que induce el “detenido” la generalización de un estado permanente de visibilidad – donde se es visto pero no se ve- que garantiza automáticamente el orden, es una interiorización del miedo y el control. Aunque realmente no sé este siendo observado. Lo que la tratan las sociedades panópticas intentan es de garantizar el orden de la manera más económica posible, y de la manera segura, aunque la vigilancia sea discontinua el efecto es permanente y se generaliza incluso cuando no se esta ejerciendo el poder. Siendo esa vigilancia, además con el fin de proteger la seguridad ciudadana. El poder panóptico- el que intenta penetrarlo todo, verlo todo- es tan perfecto que se hace innecesario su ejercicio continuo, no necesitamos ningún capataz que nos este pegando para que obedezcamos. El poder a partir de aquí es invisible e inverificable. Aquí es donde se va produciendo la gran disociación profunda entre el ver y ser visto, que esta al servicio de la dominación, del lado del poder se ve pero nunca se es visto, del lado de los dominados siempre se es visto, sin ver jamás. Por tanto el poder se convierte en una maquina, se automatiza y se individualiza, ya que no importa quien esta en la torre del panóptico, ni tampoco importa cuales sean sus intenciones o motivos, lo importante es el régimen de visibilidad. Es lo mismo que sea un sádico que le gusta hacer sufrir, vigilar y castigar, que sea un filántropo que quiera el bien de la humanidad a través del conocimiento, etc. Todo cumplen la función de la generación del principio panóptico, produciendo efectos homogéneos de poder. Es una máquina que genera saber, tanto para enseñar a leer con técnicas pedagógicas o formas de curación por medicamentos tras la creación de situaciones experimentales, controlables y comparables. Es un gran edifico de poder de vigilancia y que al mismo tiempo un laboratorio donde se gesta un saber. Pero lo que nos interesa el panópticos no como edificios construidos, sino como diagrama ideal, como representación imaginaria de todo un mecanismo de poder, de una tecnología política propias de las sociedades disciplinarias sobre el modelo de la peste. Es un esquema que lo que hace es distribuir a los cuerpos en un espacio, diferenciar a los individuos y organizar los canales y los instrumentos de poder. Es un sistema muy económico ,efectivo, y que tiene una gran importancia. Transformador en el orden político, ya que algo tan simple que produce y consigue casi una total optimización del control. Además es polivalente ya que se puede aplicar tanto para aumentar la producción, modificar conductas, de reformar la moral, aliviar las cargas publicas, preservar la salud, difundir la instrucción, aumentar la capacidad productiva en todos los ámbitos. Este es el modelo que se ha difundido en el cuerpo social. Este modelo (panóptico) programa el funcionamiento básico de la sociedad atravesada y penetrada de mecanismos disciplinarios. Frente al castigo o la tortura de la época clásica, la tecnología disciplinaria es el resultado de varios procesos. La inversión funcional de las disciplinas, ya que el castigo en la edad clásica se castiga de una manera negativa, en el caso de las disciplinas lo que hace es una acción positiva (hacen algo), aumentando la productividad del individuo, haciéndolos dóciles, obedientes, cuanto más útiles, no se trata de impedir sino construir a cada uno de los sujetos. Se trata de aumentar la rentabilidad del individuo en el trabajo, en el espacio de ocio, y por generalización en la cama con los modelos de capital relacional que tenemos cada uno que explotar. Frente al castigo, la prohibición, la limitación, medieval, proliferan las técnicas a las que llamaremos disciplinarias para fabricar individuos útiles. Otra característica es la conjunción de mecanismos disciplinarios, la transferibilidad de estos mecanismos que pasan de unos ámbitos a otros. La necesidad de extender la vigilancia y el control desde instituciones hacia fuera de ella, a otros ámbitos como de la escuela a los padres o de los pacientes de un hospital a la población.
Las disciplinas no deben identificarse con una institución o un aparato, sino un tipo del poder una física del poder, una modalidad en el ejercicio del poder, una tecnología de poder. Por tanto una sociedad disciplinaria no es una sociedad con cien aparatos de poder, sino una sociedad lanzada a una generalización del principio panóptico, que todo se pueda ver, que todo sea visible, donde se sepa todo. Además sea tanto más visible cuanto más dominado, es decir se vigila, se genera mas saber sobre el niño, el loco, la mujer, etc. Una sociedad disciplinaria no es una “que ande con el látigo en la mano”, mal van las disciplinas si la el látigo es la solución. La gran excusa con la que justifica todo esto es por la seguridad pero sobre todo por su propio bien (“ la sociedad somos todos”, por el bien ciudadano, etc.) .El control ejercido desde la (sobre)protección.
La vigilancia llega a los cuerpos con el perfil psicológico, los tests el caso medico, la higiene, la dieta, etc. Pero sobretodo no es que el individuo de nuestras sociedades este “con plena autonomía y esencia” y llegue el “coco”, el poder y lo mutile o castre. Lo que sucede más bien que minúsculas invenciones técnicas, tácticas y estrategias disciplinarias del poder nos construyen, la identidad, todo lo que somos. Gracias de las invenciones técnicas han logrado que aumente de las fuerzas útiles y a la vez que disminuya el poder necesario para lograrlo. Lo que quiere decir, con el menor gasto reducir la fuerza política del cuerpo, como una sujetación que imposibilite generar contrapoder para enfrentarse a otros poderes.
En la sociedad actual la nueva mecánica del poder se apoya más en los cuerpos y sobre lo que estos hacen, más que sobre la tierra y lo que se extrae de ella, como era el caso de la sociedad feudal. De los cuerpos se extrae mas que riqueza y bienes, se toma tiempo y trabajo. El poder se ejerce por la vigilancia y no por la forma discontinua como se hacia en la edad media por glebas o impuestos, cuando llegaban los emisarios del monarca o el señor de vez en cuando.
Más que un soberano el poder disciplinario es una cuadricularon muy compacta de coacciones materiales, donde no se trata de agotar las fuerzas, sino de hacerlas en todos los campos más rentables. Ese tipo de poder, el poder disciplinario, es el gran invento de la sociedad burguesa, ha sido un instrumento fundamental en la constitución-articulación del capitalismo. Podemos entonces definir entre un derecho de muerte y un poder sobre la vida; el derecho de muerte está ligado a la monarquía absoluta o más globalmente a la soberanía de carácter medieval y luego de carácter absolutista, el soberano dispone de la vida de sus súbditos, por lo tanto mientras duró la sociedad feudal, la problemática de la soberanía cubría la mecánica general del poder. ¿Cuáles son los límites de soberano?, ¿Hasta qué punto tiene el soberano poder sobre la vida de sus súbditos?.

EL PODER SOBRE LA VIDA: EL BIOPODER
Lo que caracteriza a nuestras sociedades es el poder sobre la vida, lo que Foucault llama el biopoder. El soberano, aunque ahora sea el pueblo, sigue teniendo el derecho de mandar a sus ciudadanos a morir en la guerra, pero no en defensa de los intereses patrimoniales del soberano, sino para mantener un equilibrio de fuerza en beneficio de todos. El armamento es la salvaguarda de la seguridad, y esa amenaza exterior, contra la que hay que precaverse mediante el armamento y eventualmente mediante una guerra, respalda lo necesario del poder. Se trata de mantenerse a cubierto de eventualidades que vienen de fuera, para que en el interior el poder se siga ejerciendo de una manera necesaria. Y ese poder, es un poder positivo, un poder que no es de exclusión y prohibición, porque administra, regula y multiplica la vida. Eso es el biopoder desarrollado a partir del S. XVlll, y llevado a su máxima actualmente, bajo dos formas fundamentales: el cuerpo máquina y el cuerpo especie. El cuerpo máquina, cuerpo individual, considerado como fuente de fuerza de trabajo, es a lo que me he referido antes con el poder disciplinario, que se ejerce sobre el cuerpo individual y sobre el cuerpo como máquina, cuerpo que hay que educar aprovechando al máximo sus potencialidades. Esto dará, lo que llama Foucault, una anatomía política del cuerpo humano. Pero al lado de este cuerpo máquina, hay un cuerpo especie, que es el cuerpo como objeto de estudio (estudios sobre natalidad, mortalidad,...), el cuerpo no como máquina rentable, sino el cuerpo como cuerpo viviente. Los mecanismos de la vida (natalidad, procreación, muerte, salud...), llegan a hacerse objeto de cálculos y previsiones. Entonces aparece algo nuevo, la biopolítica. La exterioridad de una ley represiva a un poder normativo que está inscrito en los aparatos médico-administrativos. De lo que se trata es de regular la vida, un adiestramiento en la obediencia sin tener que recurrir a la exclusión o a la tortura. El cuerpo ya no es un resto (del alma), sino que es positivado desde la medicina en general o desde la sexología. Estamos ante uno de los fenómenos fundamentales del S. XIX, y que se prolonga y llega a su culminación en el siglo actual, que es que el poder se hace cargo de la vida, es una estatalización de lo biológico. Pero no es que el biopoder cancele el derecho de muerte (al igual que el modelo de la peste no excluye al modelo de la lepra), sino que lo modifica, es un poder de hacer vivir (regular la vida) y de dejar morir.
El biopoder conlleva dos novedades, la primera es que la clásica teoría del derecho sólo funcionaba en base a dos elementos: El individuo y la sociedad. Las disciplinas solamente trataban al individuo, mientras que el biopoder trabaja con el concepto de población, la población como problema político y científico. En segundo lugar que los fenómenos considerados (morbilidad, calidad de vida,...), son colectivos, solamente son pertinentes a nivel de masas, con efectos económicos y políticos sólo en masa considerados. Con el biopoder hay una consecuencia, y es una progresiva descalificación de la muerte, cada vez hay menos derecho a hacer morir, y más a hacer vivir. En el momento que el poder es cada vez más el derecho a intervenir sobre la manera de vivir, la muerte es el final del poder, es el exterior. Sobre la muerte el biopoder no tiene nada que hacer, el poder domina no sobre la muerte sino sobre la mortalidad, es decir, sobre la gestión de la vida y la mayor o menor probabilidad de que se muera, pero no sobre la muerte misma, por ello la muerte se delega a lo más privado. Otra consecuencia del biopoder es la importancia de la sexualidad, puesto que en su campo se cruzan las disciplinas y el biopoder. Se cruzan las disciplinas (vigilancia, control, individualización,...) con el biopoder ejercido sobre la población para regular la procreación, control de natalidad, aborto. , es decir, que es un campo privilegiado porque se cruzan las técnicas de biopoder ejercidas en masa sobre la población y las técnicas disciplinarias ejercidas de manera individualizada e individualizante sobre el cuerpo de cada uno entendido como máquina. La medicina , psicología, psiquiatría en todo esto ocupa un lugar central, porque es un saber que vincula la acción científica y la técnica política de la intervención tanto sobre el cuerpo como sobre la población. Sobre el cuerpo individualmente considerado historial clínico, pero al mismo tiempo también intervención masiva sobre la población. Es un poder-saber, para Foucault la otra cara del poder es el saber, que actúa sobre ambos, el cuerpo individual y el cuerpo social, y por tanto tiene efectos disciplinarios sobre cada cuerpo individual como efectos de regulación sobre las poblaciones consideradas globalmente.

EL BIOPODER Y LA DISCIPLINA :LA SOCIEDAD DE LA NORMALIZACION

El concepto clave de esta sociedad es que sobre una base disciplinaria y sin anular esta base disciplinaria va a elevar todo un biopoder ejercido sobre el cuerpo en tanto viviente sobre la población, lo más importante será el de norma, la norma es lo que puede aplicarse tanto al cuerpo a disciplinar como a la población a regular. Y nuestra sociedad es una sociedad de normalización, no es sólo una sociedad en la que se hubiera procedido a una generalización de las disciplinas, sino una sociedad donde se entrecruzan la norma disciplinaria (normativa) la norma aplicada al individuo como cuerpo máquina rentable, y la norma reguladora, la norma que regula los procesos de vida en el interior da las poblaciones(mayorías). Se trata de un poder normalizador que ha tomado a su cargo el cuerpo y la vida, con un discurso específico que no es el del derecho, es un discurso de la norma con el código de la normalización (no el de la ley), con un horizonte teórico que es el de las CC Humanas (no el de las CC Jurídicas), y con su jurisprudencia que es el del saber clínico. Es una sociedad de normalización que está en choque cada vez más fuerte con los sistemas jurídicos de la soberanía (por ej: la carta de derechos y deberes de los alumnos está expresado en términos de soberanía, cuando en realidad no es mas que un sistema de normas disciplinarias, esto es, aquello que corresponde al ámbito de lo normativo, de la regulación, de un saber previo que es un saber gestado en los centros de enseñanza, todo esto aparece con el vocabulario jurídico de derechos y deberes, entonces hay un choque entre un lenguaje jurídico de soberanía que no es aplicable a un registro que funciona con otras nociones, nociones médico, psi, clínicas).

LA MEDICALIZACIÓN Y LA (PSICO)PATOLOGIZACIÓN.
Otras cuestiones conexas al biopoder son, por una parte, el paso que hemos dado en muy poco tiempo desde la 2ª Guerra Mundial hasta aquí, del derecho a la salud al imperativo de salud, a la obligatoriedad moral de estar sano, joven, guapo,..., con lo que llega a una especie de demanda absoluta e infinita (de la salud absoluta como bien máximo) a un sistema sanitario que es por definición finita, esto crea una problemática.
Otra cuestión conexa es el de la progresiva medicalización (patologización). El que vivamos en sociedades de normalización lleva a una medicalización. Esto quiere decir que cualquier problemática social, cualquier diferencia, es enunciada en términos médicos, en términos de patología (los psi inventan nuevas patologías que poder curar). Asistimos a una patologización absoluta, reducido a una psicopatologización; y esto es a lo que nos dedicaremos a continuación, haciendo una genealogía por una parte de la medicina mental, que no es eterna (no siempre han existido el enfermo mental y el médico), en paralelo con la genealogía del anormal, que tampoco es eterna, para ver como ha ido progresando esa extensión de la psicopatologización, y cual es el encargo de la Psicología (médico, psi) en esta sociedad de normalización.

DEL ALIENADO AL ANORMAL

Vamos a empezar por esa doble genealogía del anormal y el nacimiento de la medicina mental. No es casual entre el acabamiento de la gran Filosofía Clásica y la aparición de la medicina mental. El enfermo mental no ha existido siempre, del mismo modo que no ha existido siempre el médico encargado de curar esa enfermedad mental. ¿Locos?, quizás han existido siempre, pero antes del S. XVIII la locura no era considerada una enfermedad, sino una forma de error, de estar equivocado, y los locos no eran obligatoriamente internados. El loco se entregaba a sus quimeras, pero estas quimeras eran como otras tantas ilusiones (por ej. el enamorado idealiza a su pareja). Al loco se le intentaba hacer salir de sus errores, pero mediante el contacto con la naturaleza, el teatro,... Pero a principios del S. XIX tiene lugar dos grandes rupturas, por una parte el loco es obligatoriamente internado en un lugar de reclusión exclusivo para los locos, un asilo de alienados. La segunda ruptura es que la locura ya no se percibe como error del juicio, sino en relación a la conducta normal (perturbación del actuar, querer, decidir). Hay un cambio del eje verdad-error-conciencia (conciencia de una realidad que se percibe erróneamente), al eje de la voluntad-pasión-libertad. De ello que el manicomio sea ante todo permitir descubrir cual es la verdad de la enfermedad mental, y para ello hay que aislarla de todo lo que la puede ocultar o potenciar, esto es, separarla del resto de la vida para que este resto no la contamine, para crear una situación ideal en la que se pueda aislar la verdad de la locura. Pero además el asilo de alienados permite confrontar dos voluntades, la voluntad enferma, desordenada, pervertida, con la voluntad ordenada y recta del médico. Esquirol (uno de los primeros alienistas), dice: “Hay que subyugar el carácter entero de los enfermos, vencer sus pretensiones, domar sus arrebatos, romper su orgullo”. En esta cita no hay nada que remita al juicio erróneo del loco, sino que se habla de carácter, de pretensiones, de arrebatos, de orgullo, esto es, estamos en el eje inmoral, el eje de la voluntad torcida, la voluntad desordenada, y no en el eje del error. El hospital, por lo tanto, será un lugar de clasificación de las especies de la locura, pero también es un lugar de doma de una voluntad por otra. El gran médico alienista es aquel que no solamente sabe la verdad de la locura, sino que también es el que es capaz de someterla, el dueño de la locura. Entonces, ¿cómo es posible que esa forma de dominación sea legítima? ; lo es porque está recubierta de un saber, por el conocimiento científico que pretende compartir con el químico o con el biólogo. Es el predominio de la medicina mental organicista, que desde principios del S. XIX es el gran foco de atracción para la medicina mental. Desde que toda alteración psíquica se reduce a una enfermedad puramente orgánica, la legitimación es absoluta, porque la legitimación que quiere la medicina actual plenamente asentada, por fin será compartida con la medicina mental. Por ejemplo, si actualmente el cóctel farmacológico es legítimo, es porque están sobre la base de que actúan sobre una enfermedad, y que esta enfermedad está definida por los mismos parámetros que la enfermedad orgánica. Entonces la legitimación que tiene la medicina se transmite a la medicina mental.
Tanto la figura del enfermo mental, como la de su médico alienista (luego psiquiatra), son muy recientes, al igual que la figura del anormal. El anormal aparece esporádicamente en el S. XVIII, pero es a finales del S. XIX cuando cuaja definitivamente.
Foucault ha rastreado los gérmenes que están en acción en esta figura del anormal (aunque esta figura es muy reciente, no ha aparecido de la noche a la mañana). La figura del anormal se gesta con la fusión de tres figuras previas:
1ª- El monstruo. Noción de origen jurídico, que se remonta a la Edad Media. Se extendió de la ley social (monstruo como aquel que causa problemas a las leyes sociales) a la ley natural (monstruo como aquel que es mitad hombre y mitad animal, o más tarde el hermafrodita). Lo que preocupa del monstruo es la conmoción que provoca en el ámbito jurídico (leyes matrimoniales, bautismo, leyes sucesorias,... ¿con quién tiene que casarse un hermafrodita?). Esa preocupación pronto se extiende a la ley natural. En la figura moderna del anormal hay algo del monstruo, en el sentido en que sigue siendo una excepción de la naturaleza, alguien que contraviene las normas naturales, y/o una infracción del derecho. Se entremezcla lo que es biológico natural y lo que es jurídico social. Actualmente hay una herencia de esta figura, ya que seguimos hablando en términos de monstruosidades, y seguimos calificando a determinados actos de monstruosos. Cuando un juez pregunta si un individuo es peligroso se están saliendo del ámbito jurídico, y se está uniendo implícitamente dos términos completamente distintos, el de la infracción a la ley y enfermedad, es decir, se están mezclando los dos ámbitos, el de la monstruosidad natural y lo estrictamente jurídico, con lo que se está retomando el equívoco del monstruo medieval.
2ª- El individuo a corregir. Es coetáneo de la sociedad disciplinaria (sobretodo S. XVIII), y aplicado a los colegios, el ejército, las familias,... Ese poder disciplinario dirigido al cuerpo máquina, implica que hay individuos que no se dejan fácilmente disciplinar, que se resisten a ser educados, corregidos. Son los incorregibles, con el nacimiento de las instituciones de corrección.
3ª- El onanista. Niño o adolescente masturbador, que ocupa un lugar central a partir del S XVIII, y solamente explicable por la nueva posición que ocupa el niño en la familia, y por la importancia concebida a partir de ahora al cuerpo y a la salud. El onanismo antes también preocupaba, pero era cosa de la pastoral cristiana, del onanismo como pecado. Mientras que aquí no se trata del onanismo como pecado, sino de la preocupación por parte de ese biopoder, de esa regulación de la salud de las poblaciones, es decir, con una importancia política y no ya en el registro del pecado. Esto es lo novedoso a partir del S. XVIII, que el onanismo se convierte en objeto del biopoder, con campañas dirigidas a los niños y adolescentes de las familias ricas (y también a los padres como culpables). Esa es otra distinción de Foucault respecto de un marxismo tradicional, que ha considerado que el poder se ejerce más sobre las clases dominadas, cuando en realidad ciertas formas de poder se ejercen más sobre las clases dominantes. Se empieza a perfilar una nueva relación padres/hijos:
· Intensificación de las relaciones padres/hijos, movimiento centrípeto de las familias.
· Reinversión de las obligaciones: ahora son los padres los cargados de obligaciones hacia los hijos.
· La salud como ley fundamental de las familias.
· Distribución de la familia en torno al cuerpo infantil.
· Organización de una relación física inmediata, de cuerpo a cuerpo, entre padres e hijos (nudo de deseo y poder).
· Control médico exterior, que reglamenta tales relaciones.

Así se ha formado nuestra pequeña familia actual. La preocupación por la sexualidad infantil, por el onanismo, fue uno de los procedimientos para construir ese nuevo dispositivo de familia nuclear restringida volcada sobre el cuerpo infantil.
En resumen, el anormal es una figura nueva, pero no sale de la nada sino que proviene de una especie de fusión entre la excepción jurídico natural del monstruo, el incorregible del correccional, y el niño onanista o perverso.

LA EXTENSIÓN DE LA PSICOPATOLOGIZACION

Vamos ahora a conectar el nacimiento de la medicina mental al que nos hemos referido antes, con lo que es nuestro hoy. Primero veremos ese consumo generalizado de mercancías, bienes, servicios psi, hasta llegar a la existencia de terapias para los que presuntamente no necesitan terapia, porque en función del juego normal-anormal, son los precisamente normales (terapia para normales). En cuanto al consumo generalizado de mercancías psi, ya he dicho que la medicina mental al nacer como alienismo, separó al loco de otras categorías en las que al principio estaba junto. El loco formaba parte de ese lote de deshecho, que se encerraba indiferenciadamente del hospital general, vagabundos, criminales, pobres,... Lo que hizo la medicina mental fue separar al loco de esas categorías y adjudicarle un espacio, una terminología y un código propio. Al parecer, dando un salto de casi dos siglos, estamos ahora en el camino de vuelta, pero no porque el loco vuelva a confundirse con todos los demás, sino que estamos en el punto en el que el enfermo lo es no solamente el loco, sino también lo es desde el niño con problemas de aprendizaje, como el homosexual, tanto el violador como el impotente; o dicho de otra manera, después de haber separado cuidadosamente los reinos profesionales, el loco para el médico alienista y el delincuente para el policía o el juez, los psi se los anexiona. Ese avance imparable ha seguido las siguientes líneas de difusión:
Una 1ª línea es lo que se puede llamar la psiquiatrización de la diferencia, por esto se estaban fuera de la jurisdicción de los psi (delincuentes, psicópatas, toxicómanos, alcohólicos, retrasados escolares,...). Es la lectura de cualquier desviación en términos de psicopatologización.
Una 2ª línea ha sido la prevención. Ha ocupado un lugar preferente la infancia como lugar en donde prevenir el conflicto.
La 3ª línea es la generalización mercantil del consumo de mercancías y servicios psi. Esto es, no ya el lugar de tratamiento de la locura que es el manicomio, que está absolutamente desprestigiado, sino esa proliferación de terapias (terapia familiar, consejo sexológico, la modificación de conducta, la bioenergía, el análisis transaccional, el psicoanálisis,...), es decir, la riqueza del mercado con toda la segmentación que corresponde a un mercado que se precie.
Vamos a ampliar un poco cada línea:
En primer lugar la psiquiatrización de la diferencia, hace que poblaciones que no eran competencia del ámbito psi, poco a poco han sido incorporadas al ámbito psi. Vamos a señalar solamente las primeras figuras en ser anexionadas. La figura del delincuente, que en principio es una figura del ámbito penal, y la figura del alcohólico seguida muy de cerca por la figura del toxicómano. Se puede añadir también la figura de los trastornos alimentarios.
El delincuente tiene una" carrera" en donde se enfrenta con tres grandes aparatos: la policía, la justicia y la cárcel. Cada uno de esos tres aparatos pesados, se encuentran hoy medicalizado, psicologizado. Por ejemplo Psicólogos, Sociólogos y Psiquiatras han colaborado tanto para mejorar las relaciones entre la policía y la comunidad, como para el reciclaje de los agentes policiales. En 2º lugar, la utilización policial de diversas técnicas psi, y en último lugar la colaboración sobre el terreno entre los policías y los asistentes sociales. El psicólogo ha ayudado a la policía a lavar su imagen, a desterrar la imagen del policía brutal, franquista y/o racista.
En cuanto el sistema judicial, lo que se ha impuesto es el tratamiento individualizado del delincuente, sobre todo del delincuente juvenil. El acento se desplaza del delito cometido al control de la conducta cotidiana, de los motivos del sujeto, de la reputación que tiene, de tal manera que aún cuando no hay delito, hay otras actividades que no son delictivas (vagabundeo, promiscuidad sexual, ebriedad,...), pero que se convierten en sospechosas. Entonces el juez se convierte en médico, consejero, educador, sin dejar de ser juez, y además nace una nueva categoría que no deja de ser desde el ámbito jurídico una monstruosidad, que es la de predelincuente, ya que desde el punto de vista jurídico el predelincuente no existe, se ha delinquido o no se ha delinquido. Sin embargo mediante esta psicologización, psicopatologización, disciplinarización, individualización del caso que lo hace no ya sospechoso de que alguna vez será sospechoso de un delito, sino que es predelincente (no importa si estuvo donde se robó, sino si sufrió un edipo fuerte, su padre es drogadicto...), no ha delinquido pero todos esperamos fervientemente que lo haga, y efectivamente lo hará.
El correccional se convierte en centro de acogida, al mismo tiempo se aplican al delincuente categorías psi o una psiquiatrización del delito (delincuente anormal, psicópata sexual,...).
Por último dentro de la justicia, la sustitución de la sentencia por la llamada sentencia indeterminada, esto es, en un ámbito estrictamente penal se supone que a cada delito le corresponde una pena, según este nuevo sistema la sentencia queda en suspenso, el juez no sentencia, sino que el delincuente anormal, psicópata, enfermo,..., es internado en unas instituciones especiales que son mixtas, de lugar de encierro, y de lugar terapéutico, y donde solamente se le soltará hasta que se modifique la conducta patológica que se le achaca. Esto tiene grandes consecuencias, como que nunca se sabe cuando va a terminar esa condena, y sobretodo que la condena se tiñe de tratamiento.
En la cárcel hay una asimilación cada vez más del preso al enfermo, se hace desde terapia de grupo ha meditación trascendental, sin que esté ausente la psicocirugía, se hace sobretodo modificación de conducta (maquilla el castigo como refuerzo negativo, la celda de castigo es terapia de aislamiento).
En la figura del toxicómano solo decir que la droga se construye, que en los años 20 había tantos o más toxicómanos que hoy, solamente que no lo eran porque la heroína, la morfina y la cocaína no estaban definidas como drogas. La definición de un producto como droga es una definición social y coincide en el tiempo con su represión, una represión que oscila entre un polo médico y un polo penal. Podemos definirnos en uno de los dos polos, aplicar directamente la ley, o mezclarlo con el polo médico. En cuanto al tratamiento se trata de patologización, terapia, enfermedad, enfermos que hay que curar. Las comunidades terapéuticas han reinventado el viejo modelo del tratamiento moral (es de finales S.XVIII, ppio XIX), que es el mito rural, del ascetismo, del trabajo, vida en contacto con la naturaleza,..., y por el otro polo, el polo químico de lo que se trata es de calmar el mono, de borrar los síntomas (Tb. mata, en el 73 fueron más los muertos por metadona que por heroína), pero tiene la ventaja de que vigila, de que suprime el síndrome, controla la violencia y la criminalidad, sustituyendo la dependencia del camello por la dependencia respecto al médico (que es un camello mucho más respetable).
La segunda línea de penetración de esta psicopatologización es la prevención, la atención preferente a la infancia. La infancia es el blanco privilegiado de la psicopatologización. La red más apretada de procedimientos, de tutela y de enderezamiento de conductas, es la que se ha ejercido entorno al niño, y sobretodo porque hay un espacio privilegiado para detectar y medicalizar las anomalías, que es la escuela. Desde el momento en que la escuela se ha convertido en obligatoria, quiere decir que hay una institución por la que obligatoriamente pasa toda la población en su conjunto, y además en unas edades adecuadas; Por lo tanto la escuela se ha convertido en ese espacio privilegiado para detectar, y en su caso medicalizar cualquier anomalía (por ej. no ver la televisión, carencia del "espíritu de la Navidad"). Este poder que se vuelca por el bien y la felicidad (ya no es el policía armado), que detecta anomalías y que pretende curarlas, hace que todo el armazón crítico que usamos para luchar contra los poderes "tradicionales" se nos venga abajo (¿es mejor comprarle un televisor al niño para que no lo consideren anormal?). Todo lo que suponga una inadaptación escolar sea diagnosticado como carencia, enfermedad, disfunción individual, y por lo tanto remitido a técnicas médico-psicológicas, y/o médico-químicas. La escuela se ha convertido así en el centro de observación y de selección, donde se normaliza (se aplica la norma y se compara con ella), donde se separa lo normal de lo patológico, creándose además un personal cada vez más especializado en el tratamiento de los anormales escolares. Los tratamientos que se llevan la palma son la quimicoterapia y la modificación de conducta. Además de todo esto se ha expandido el negocio de la educación de los padres, para prevenir el paso al acto patológico de sus hijos.
Fuera de los muros de la escuela se encuentra la generalización mercantil de bienes de servicios psi. Al margen de la red sanitaria pública y de la red educativa pública, se ha desarrollado enormemente la psicoterapia privada, en donde, como corresponde a todo mercado, hay absolutamente de todo. Tras el psicoanálisis más o menos edulcorado, más o menos asequible, se ha impuesto la modificación de conducta. Esta renuncia a buscar las causas (provoca una visión inmovilista de la realidad), se contenta con el tratamiento de los síntomas tal y como se presentan a la observación. Su gran ventaja es que se pueden aplicar a todo lo que se separe de la norma, otra ventaja es que los padres y sus enseñantes las asumen muy fácilmente, ya que son fáciles de aplicar, no existen grandes quebraderos teóricos y no son más que justificaciones científicas de la vieja disciplina (premiar y castigar). Las terapias familiares también tienen bastante peso, ya que la familia actual está basada sólo en la afectividad y los sentimientos fallan. También florecen las terapias sexuales para la regulación de la población, no como máquina, sino como ser viviente.

Aquello que empezó con Pinel quitándole las cadenas a los locos, y diciendo que no son locos sino enfermos mentales, y que hay una institución para ellos que es el asilo de alienados, y un personal para ellos que es el médico alienista, y unos conceptos que son los de la medicina. Aquello como paso inicial, tenemos como paso último las terapias para aquellos que no tienen que curarse, terapia para normales. Asistimos hoy a la última y la más brillante ofensiva del poder psi, la terapia para gente normal. Son estrategias nuevas para tratar los problemas sociales en base a la gestión de las particularidades del individuo, esto es, individualizar (psicologizar), reducir las problemáticas sociales a la fragilidad del individuo, y tratarlo allí como individuo frágil. El objetivo es siempre el mismo, pero el abanico que se ofrece para ese tratamiento individual e individualizante es muy amplio, desde los métodos duros para la población de alto riesgo (psicocirugía, lobotomía, quimioterapia,...), hasta las técnicas para desarrollar el potencial humano o tb llamado el capital relacional, es gestionar las fragilidades individuales pero no en tanto patológicas (última novedad), esto es, que yo no sea capaz de desarrollar todo mi capital de relaciones no es una patología, pero es una cierta fragilidad, insuficiencia, y yo soy responsable a desarrollar mi capital relacional hasta el máximo (visión perfeccionista y productivista del ser humano). Hay que reconocer que este camino lo abrió el Psicoanálisis desdibujando la frontera entre lo normal y lo patológico, y con ello además ofreció a cualquiera esa fascinante aventura de adentrarse en lo inconsciente, sólo que con ello se abría también una contradicción enorme, que es que esa aventura era sólo para quien se lo planteara y se lo pudiera pagar. La contradicción es que por una parte tiene una vocación virtualmente universalista (no solamente para locos, neuróticos,...), pero a la hora de ser aplicado es absolutamente elitista. Las nuevas terapias tienden a paliar esa contradicción, al ofrecer un abanico de posibilidades ("análisis para pobres", psicoterapia breves ,etc.). Son terapias todoterrenos, estandarizadas que se pueden aplicar a distintas problemáticas. Lo importante es que tales técnicas tienen en su base una visión del ser humano, la de que cada uno posee una especie de capital que se debe gestionar de una manera eficaz para obtener una plusvalía, es un mecanismo capitalista. Se trata de gestionar el capital para obtener una plusvalía, que no tiene porque ser una plusvalía de rendimiento, sino que puede ser una plusvalía de placer o actitudes relacionales (¿por qué va a tener usted tal placer sí lo puede multiplicar por 100?). Vendría a ser dicho en otros términos la extensión del Taylorismo (1ª aplicación de la CC al trabajo industrial). Otra característica de estas técnicas es una extraña combinación entre la exaltación de la espontaneidad, de lo natural, y la búsqueda de la receta para conseguirlo. Rechazando ya no es de buen gusto la terapias aversivas. Se trata de liberarse haciendo tal y cual cosa, repitiendo tales ejercicios, son las terapias liberadoras. Es el camino para la liberación individual Se trata de combatir la alienación con recetas de diez puntos, hechas en serie por el experto para convertir en felices y democráticos ciudadanos. Aquí esta el paso de actitud revolucionaria, activista y comprometida con el cambio social colectivo de la modernidad a la actitud conciliadora , autocomplaciente, narcisística, individualista, escapista de la posmodernidad. Una transición fundamental para controlar a la población y crear la paz social reinante actualmente, ocultando, reconciliando, a clases con intereses contrapuestos.

Una breve geneología de la psicología
Esto va a ser un repaso breve del nacimiento y desarrollo de la psicología en su contexto histórico, su relación con el capitalismo y la producción. Vamos a ver el paso de la observación, a la gestión de las conductas, de las poblaciones y sobretodo de los riesgos, para concluir con esa demanda de salud, salud en primer lugar para acabar la omnimedicalización de todos los ámbitos de la vida.
La psicología se desarrolla junto a la modernidad, y heredera del panóptico y de Rousseau y con esa doble herencia trata de estudiar al individuo hasta sus más escondidos rincones, intentando conseguir unos regímenes de visibilidad absoluta sobre el ser humano, que nada pueda escaparse de la mirada. Recordar que el nacimiento de la psi ciencia independiente se produce después de desprenderse del “yugo” de la filosofía, en la que en principio esta integrada. Coincide con la expansión del capitalismo industrial. En esta fase del capitalismo se necesitaba calcular el índice de rentabilidad, la productividad que se puede sacar del proceso de trabajo, es imprescindible conocer la potencialidad, las actitudes de la fuerza del trabajo para desarrollarla y explotarla. La utilización de la maquina y la división de trabajo coincide con el nacimiento de la psicología. Sus primeros paso son para medir el tiempo de reacción que fue utilizada para explotar mejor el tiempo de trabajo en taller manufactura cuando la fabrica esta duramente regida por la disciplina y él cronómetro. Con relación a esta las luchas del movimiento obrero consiguen reducir el tiempo de trabajo (jornada laboral) pero se utiliza las mediciones para aumentar la plusvalía relativa aumentando la intensidad, el ritmo y reduciendo los descansos de los trabajadores (labores del psicólogo del trabajo). Decir capitalismo industrial es sociedad decir mercancías, mercado, consumo y se hace necesario estudiar los mecanismos de la percepción y la sensación para generar saber y control en lo que es el consumo y el mercado (psicología del consumo y marketing). Aquí hay es una ruptura abrupta con la parte más filosófica del estudio del alma de la psicología que se convierte en una disciplina positivista, experimental, independiente, a partir de ahora el estudio del alma se convierte en disciplina científica ( el mejor premio que se le puede dar a un campo de saber hoy en día). El cometido de la psicología que consiguiera la aplicación rigurosa y ordenada del saber científico que aumentara la producción y los beneficia para el capital. Además naturalizan en el sentido de legitimización las relaciones sociales. Hoy en día el orden social solo puede preservarse de una manera estable y calculable con la prevención, sobre todo en la infancia. Con la imposición de la escuela obligatoria como lugar especifico de moralización y control, la retirada del niño de la fabrica tanto de la taberna, las huelgas y el trabajo. Se pone a cada “uno en su lugar". Este proceso no se produjo sin resistencia por las familias y de los propios niños. De esta resistencia de los niños surge el conflicto con la nueva norma infantil que es la escolarización. Los niños que se resisten a la escolarización se consideran anormales, coercibles o incorregibles y por tanto paralelo a este proceso nace la institución correccional o reformatorio. El que no cumplen el contrato social, ya sea el loco, el delincuente, o el niño se les atribuye el estatuto de minoridad, y pasan a ser obligatoriamente tutelados por un poder omnimodo que esta envuelto en “protección” contra su voluntad. A la inmovilidad que supone la fijación en el espacio escolar, la disciplina a la reglamentación estricta del tiempo, al silencio obligatorio se oponen los niños que se serán tachados pronto de “hiperactivos”. Allí donde aparece la figura de psicólogo escolar que utilizara dos grandes categorías; las psicopatías, dificultades de aprendizaje y la debilidad mental, es decir los niños tontos o los niños malos que no llegan a la norma por razones de disciplina o que no llegan a las actitudes intelectuales o de conocimientos según la norma establecida, patologizándose la diferencia.
Se trata de conocer y generar un saber para poder modelar mejor y más eficazmente lo que luego será la fuerza de trabajo. Binet impregnado de esta filosofía inventa la medida de inteligencia, equiparando la adaptación a la inteligencia. Su objetivo era conocer la población para poder modelar su conducta ,reduciendo el número de inútiles y nocivos en defensa de la sociedad. Binet trabaja con los inadaptados; en el problema político que planten los niños insolentes, los incapacitados y turbulentos que va ha llamar anormales. Muy diferenciado de la verdadera concepción de Darwin aparecerá una especie de darwinismo social que aboga por una especie de triunfo del más adaptado. El conductismo muestra su carácter desde que se inicia. En palabras de sus exponentes, Maconel “las personas deben ser modeladas desde su nacimiento para quieran actuar como la sociedad desee” y de Skinner “Hace falta un método para controlar al conjunto de la población que este en manos de especialistas; sacerdotes, policías, propietarios y psicólogos” . Watson y Skinner dieron una gran importancia a la observación, experimentación y la conducta pero olvidaron eso que ocurría dentro de lo que llamaron el enigma de la caja negra. La psicología gracias al conductismo se convierte en una ciencia natural o sea una ciencia meramente física que no reconoce la libertad. Utilizando la norma poblacional como criterio y la estadística como ayuda inestimables para demostrar científicamente lo que se necesite. Es el comienzo de la colonización de la psicología que expresa unos de sus promotores, Skinner “los que se oponen a estas técnicas terapéuticas son neuróticos, débiles mentales o psicóticos”.
Se produce una relativa desmitificación del conductismo (que no lo impide ser la corriente más usada en la actualidad) ya que se dan cuenta que hay algo más que el estimulo y la respuesta. Empezando a imponerse la cara más amable, la psicología social, de la personalidad, la psicoterapia de la palmadita en la espalda. Es el nuevo interés por lo emocional, por las relaciones humanas en la empresa y fuera de ella. La psicología se convierte en un factor socializador en las terapias grupales y familiares para desarrollar el potencial humano. Hay una metamorfosis del control a la “ayuda” , es decir el control de la población se camufla de ayuda, altruismo o cambiar el mundo ayudando a la gente a través de la psicología. La intervención psicológica se convierte en una necesidad social bien vista. La psicología adquiere un halo de omnipresencia, esta en todos lados y todo se ha convertido en objeto de terapia: son los afanes imperialistas de la psicología, se intenta anexionar todo los campos .En lo terapéutico, lo importante es la rapidez, la eficacia que muestran los datos científicos, un mercado más con las mismas reglas que el de la oferte y la demanda. El sujeto que pide ayuda ante la necesidad de salud mostrando su fragilidad, se encuentra con que ignora mucho de lo que demanda pero será curado como el psicólogo disponga. La locura se trabaja como enfermedad mental y su nosografía diagnostica es aplicada en términos poblaciones e individualizantes. El tutelable, el que hay que corregir fue en origen el loco, ahora, en algún momento o aspecto lo somos todos.


*Seminario impartido en Marzo de 1999 en el Centro social- Casa de iniciativas por
María Victoria Parrilla, Trascrito por grupo de psicología crítica Versus


BIBLIOGRAFÍA PARA AMPLIAR
Texto 1 MICHEL Foucault: “vigilar y castiga”. El modelo de la peste
Texto 2 CANGUILHEM: “lo normal y lo patológico”. De lo social a lo vital
Texto 3 MICHEL FOUCAULT: “microfisica del poder”
Texto 4 El panóptico
Texto 5 DELEUZE Y FOUCAULT. Un dialogo sobre el poder
Texto 6 M. Foucault ¿microfísica del poder o metafísica?
Texto 7 M. FOUCAULT .Porque hay que estudiar el poder: la cuestión del sujeto.